Alma abierta, alma cerrada

Alma abierta, alma cerrada

A menudo he hablado de la famosa recomendación de «Escribir sobre lo que sabes». De cuál es su verdadera dimensión, por qué es malentendida en muchos casos y el motivo de que a muchas historias se le vean las costuras por culpa de no seguirla.

Obviamente, la frase no se debe entender en un sentido literal, sino emocional, interno y no externo. Lo exterior es una máscara para lo que importa, a juego con este mundo ilusorio y, cuando se habla de escribir sobre lo que sabes, se refiere a esa esencia que tiene que ver con sentir.

Una de las mejores formas de entender la llave que abre esto, y a la buena escritura en general, es leer a Ursula K. Leguin, que expresó la esencia de lo importante mucho mejor que yo:

La táctica de evasión más frecuente es que el aspirante a escritor diga: «Pero antes de tener algo que decir, debo adquirir experiencia». Lo que ocurre es que la experiencia no es algo que vayas a buscar y obtengas. Es un regalo, y el único prerrequisito para recibirla es que estés abierto a ella.

Un alma cerrada puede tener las aventuras más inmensas, pasar por una guerra civil o un viaje a la Luna, y no tener nada que mostrar de toda esa experiencia.

Mientras, el alma abierta puede hacer maravillas con nada.

Pocas verdades hay, pero una de ellas es esta y también supone una inyección de confianza para cualquier escritor, sobre todos los que empiezan, aunque no creo que puedas considerarte nunca de otra manera.

La experiencia, que otorga esa capacidad de escribir sobre lo que sabes de manera veraz, que diría Hemingway, y que permite la transmisión emocional de lo importante a quien la lee, es una cuestión de apertura, no de acontecimientos.

Lo crucial no es lo que sucede, sino la capacidad de aprender, observar, reflexionar y permanecer abierto, con un sentido de curiosidad y exploración, de observar más allá de lo que ves. De afrontarlo porque muchas veces te obliga a sacar lo que escondes. Un «alma abierta», que diría Leguin, es capaz de encontrar las historias más profundas en la vida más cotidiana, pero una cerrada puede vivir eventos extraordinarios y no extraer nada de ellos.

Tengo un conocido que es piloto de helicóptero, que se ha enfrentado a incendios y ha transportado tropas sobre zonas de combate en África, que ha escalado mil montañas y recorrido medio mundo. Y sin embargo…

Al final, esa veracidad de Hemingway es la clave porque el arte, la escritura, busca la verdad y no los hechos. Busca el significado emocional, el quid de la historia, lo que ocurre realmente, resuena y se queda.

Los acontecimientos no son más que materia prima, herramienta de trabajo para mostrar, disfrazar o expresar lo profundo, lo que conecta, lo que hace que una historia se quede a vivir.